Galería Vértice

Francisco Velasco · Europa-Europeos: Ficción y Realidad

23/02/2012 - 13/04/2012. Salas 0 y 1.
Artista: Francisco Velasco (Aller, Asturias. 1955).
Ver obras de este artista en la colección
Obra expuesta: Instalación litográfica, estampas y grabados calcográficos.

FRANCISCO VELASCO presenta su segunda exposición individual en la Galería Vértice de Oviedo. La muestra se inaugura el Jueves, 23 de Febrero, a las 19:30h.

Europa-Europeos: Ficción y Realidad

Europa-Europeos: Ficción y Realidad.

Si por algo se ha caracterizado la trayectoria artística descrita hasta ahora por Francisco Velasco (Pelúgano, Aller, 1955) es por su coherencia y profundidad, esta última entendida tanto desde el punto de vista formal como conceptual. Pintor, grabador y litógrafo, la exposición con la que ahora se presenta en la Galería Vértice de Oviedo da buena cuenta del elevado grado madurez en el que, como creador, se encuentra instalado este autor desde hace tiempo.

Bajo el título Europa-Europeos: Ficción y Realidad, Velasco ha reunido un conjunto de obras que se resuelven en clave de instalación litográfica tridimensional por un lado, estampación sobre papel Wenzhou o Zerkall por otro y, en tercer lugar, grabado calcográfico. A través de todas ellas puede verse algo que resulta frecuente destacar en los textos críticos dedicados a este artista: la gran maestría técnica y el perfecto dominio del oficio que con los años ha ido haciendo de Velasco uno de nuestros grabadores y litógrafos más reputados en el ámbito internacional, y para lo que fue clave su llegada en 1991 como alumno al acreditado Frans Masereel Centrum de Kasterlee, en Bélgica. Allí, el artista asturiano entró en contacto con el mundo de la estampación y, sobre todo, adquirió la percepción de que el mismo era un campo que, sin traicionar sus esencias, tenía la capacidad de estar abierto a la innovación, al carácter experimental y a la investigación tanto en lo que se refiere a los soportes como a los recursos técnicos empleados para su ejecución.

Efectivamente, viendo estas últimas obras de Francisco Velasco se aprecia ese elevado componente experimental y, en particular, la fuerza que lo pictórico tiene en toda su creación, en lo que respecta fundamentalmente a la combinación que se produce en ellas de color (siempre muy bien trabajado), mancha, trazo y signo. Por otro lado, procedimientos como la aguada y la utilización para la resolución de las formas de herramientas como la pluma y el crayón son muy frecuentes en estas estampas, contribuyendo todos esos recursos a configurar la atmósfera tan particular, repleta de delicados matices, que envuelve estas composiciones, las cuales se mueven muy sabiamente entre lo frágil y lo contundente, lo sosegado y lo agitado, lo lírico y lo más expresivo.

Con todo ello conecta muy bien la reflexión de corte antropológico, sociológico, político y humanístico que se encuentra detrás de ellas, de tanta actualidad, y sobre la que Velasco viene interrogándose desde hace ya algún tiempo: el problema de Europa y los europeos, la dimensión real o artificial de esta gran comunidad de países, y de las gentes que los habitan, que aspiran a vertebrar una relación global, pero que muchas veces parece quedarse en lo meramente económico, mercantil y comercial. En este sentido, la conexión que se produce entre el discurso formal y los mensajes que se quieren hacer llegar está muy bien trabada. Así, esa levedad sobre la que parece construirse el discurso europeo se aquilata con el ligerísimo papel Wenzhou (de apenas 30 gramos de peso), fijado a la pared con alfileres y susceptible de moverse con el paso de la gente por delante de él que el artista ha elegido para algunas de sus litografías. Una Europa que también hay que entender en clave de llenos y vacíos, de respuestas y espacios aún en blanco a la manera de grandes incógnitas todavía por despejar, como son los que el propio artista parece dejar a la hora de articular algunas de sus composiciones. Y, por último, una Europa que no se sabe muy bien si se expande o contrae y en la que la gente anónima parece moverse muchas veces sin un rumbo fijo, entre el caos y el ruido, a mitad de camino entre el impulso nervioso y el del autómata; o que ni siquiera puede moverse, bloqueada por esas bandas que funcionan como barreras-banderas, como reservas físicas y mentales, que dificultan muchas veces, de manera directa o indirecta, real o imaginaria, la libre circulación y el desarrollo de la gente.

De todo ello es de lo que inteligente y hermosamente nos habla Francisco Velasco a través de unas obras que, como ha quedado señalado, destilan lo mejor de su creación.

Alfonso Palacio

 

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